Una típica estampa del
pasado californiano, las caravanas de carromatos dispuestos en círculos para
defenderse del ataque de extraños, continúan realizándose hoy, aunque a su
manera. Las antiguas diligencias se sustituyen ahora por vagones de comida.
Camionetas regentadas por chefs especializados en los manjares más exóticos imaginables.
El West Side Food Truck Round-Up llegó el viernes pasado a
Davis y acudimos rudos a la cita. Para nuestro asombro, allí se congregaba también
medio Davis.
Las colas para hacerse con un plato eran interminables y
tuvimos suerte de conseguir el nuestro antes de que la furgoneta, asediada por
multitudes, se viera obligada a cerrar tras agotar los ingredientes.
Lamentablemente, la primavera ha llegado a Davis a lo
bestia. La capital mundial de la alergia, la llaman, y Bioletti no podía con la
suya, por lo que tuvimos que marcharnos antes de que llegasen los indios.
Nos reíamos, ingenuos de nosotros, cuando vimos los carteles
de seguridad laboral del laboratorio de Bioletti. Porque si advertían del
peligro de apocalipsis zombie, lo del "active shooter" tenía que ser
coña por narices. Pues no. Qué va. El otro día convocaron a todos los empleados
del edificio y les pusieron este instructivo tutorial.
Producido por el Departamento de Seguridad de la Ciudad de
Houston, el vídeo se hizo muy célebre el pasado 2012 tras el tiroteo en el cine
Century de Aurora, donde murieron 12 personas y otras 59 resultaron heridas. Hubo
quienes protestaron, claro, porque el consejo ese de plantar cara les parecía como incitar al suicidio; pero qué queréis, a nosotros nos gusta mucho eso de
"grite, tire cosas y sea coherente con sus acciones". Tanto que hemos
decidido adoptarlo como filosofía vital y ponerlo en práctica tan frecuentemente como podamos. Sin necesidad de que venga un trastornado con un arma.
Hablando de. Este fin de semana se celebra el Whole Earth
Festival, una celebración por todo lo alto de todo lo que sea ecológico y
alternativo. Durante tres días, Davis se convertirá en la capital mundial del
hippismo, con innumerables conciertos, ferias de manualidades y plataformas
para que gurús e iluminados venidos de todas partes expresen sus ocurrencias y nos ayuden a ser mejores personas. No tenemos
muy claro qué esperar del evento, aunque a ciencia cierta nos embriagaremos (¡¿MÁS?!)
con el pestuzo a marihuana y... yo que sé, puede que incluso acabemos bailando
desnudos en los tejados:
Confiamos en que vuelva a ocurrir lo que en 2004, cuando (¡oh
paradojas de la libertad de expresión!) la Asociación de Estudiantes por una Sociedad
Orwelliana aprovechó uno de los escenarios para tratar de convencer a los
hippies de que el fascismo era la mejor vía.
Estudiantes por una Sociedad Orwelliana es una organización
nacional que se postula como las juventudes del Ingsoc (el partido totalitario liderado
por el Gran Hermano que regía con mano de hierro en 1984, la novela de George
Orwell) y promueven iniciativas tan diversas como no utilizar sellos en los que
no aparezca la bandera patria, continuar refiriéndose a las patatas fritas como
"Patatas de la Libertad" (en el segundo párrafo de este artículo lo
explican claramente) o colocar cámaras
de seguridad EN TODAS PARTES.
Lamentablemente, parece que últimamente no andan muy activos, pero hace unos
años bombardearon la universidad con multitud de flyers como estos:
The Domes es un conjunto de 14 estructuras de poliuretano
con forma de iglús levantadas en 1972 para alojar a una población de 28
estudiantes. Hablamos de un asentamiento hippie en el campus de la universidad.
A lo largo de sus cuatro décadas de existencia, esta comunidad (popularmente
conocida como Baggins End, en homenaje al poblado de la Tierra Media) ha
acogido a infinidad de estudiantes interesados por una filosofía cooperativa y
sostenible: cuidan de sus propias huertas, granjas y panales, elaboran compost,
tiran de energía solar y promueven en todo momento la educación medioambiental.
Cuentan incluso con una gran choza comunal, de inspiración
nómada, donde realizan sus reuniones y se imparten todo tipo de clases y
talleres (el primer día que nos asomamos estaban disfrutando de un concierto de
violín la mar de majo).
En 2011 estuvieron a punto de echarlas abajo debido a su
estado ruinoso, pero se organizó un movimiento estudiantil para salvarlas y 450
voluntarios participaron en su reparación.
Las imágenes que ilustran este texto están pilladas de
internet porque tampoco en este caso dispongo de fotos propias con calidad suficiente.
Todas están sacadas con prisa y a traición, porque entrar a este
tipo de sitios me turba sobremanera, cada vez que lo hago me pongo tenso ante
la posibilidad de que un hobbit jipioso pueda pillarme por banda. Quizás es que
tengo prejuicios. Quizás sea que no me cuesta imaginarme afiliado a su idílico y cutrongo estilo de vida. ¡Glups!
Cuando se cumplían seis meses de nuestro primer encontronazo, el embajador de Jauja seguía siendo un misterio para nosotros (aún
disponiendo de fotos que certificaban su existencia, hubo un momento en que Bioletti
llegó a plantear si no lo habríamos soñado). Y de pronto, cuando menos lo
esperábamos, volvimos a avistarlo en el desfile del Picnic Day cabalgando raudo
a lomos de su unicornio.
Poco después, volvió a hacer acto de presencia en el
transcurso de una ceremonia dominical que se celebró a la vuelta de la esquina,
en la que un montón de vecinos comprometidos pintaron un mandala en la
carretera. Aunque, en esta ocasión, había aparcado su unicornio para sustituirlo
por otro vehículo de su invención: Un maravilloso coche/piano que manejaba accionando
el teclado, lo que permitía sustituir las emisiones de CO2 por una ristra de fantásticas sonoridades. He aquí un
vídeo del aparato en cuestión:
Indagando ya muy duro, descubrimos que este extraño personaje,
que responde al nombre de Mark Chang, es toda institución en Davis. Célebre por
otras muchas cosas aparte de sus invenciones (que incluyen sus vehículos,
diversos theremines, casas solares autosuficientes... ¡y hasta un autobús!) y
de sus excepcionales dotes para el piano:
Licenciado en Ingeniería Robótica y Psicología, Chang emitió
a diario entre 1993 y 1999 un programa de radio pirata que todavía se recuerda
como plataforma de libertad de expresión. Valiéndose de otro de sus cachivaches,
un teléfono móvil de primerísima generación modificado, Chang salía a la calle
y retransmitía en directo sus conversaciones con la gente que pasara por ahí. La
cosa cesó cuando un par de agentes federales se plantaron en la ciudad dispuestos
a chaparle el chiringuito. Los vecinos todavía lamentan el incidente. Lo cierto
es que podrán censurarle cuanto quieran, pero jamás podrán callar a su vela
cantarina.